
El desorden que implica pasarse dos semanas de pitingeo te hace poner los pies en un suelo que parece que gira al lado contrario al que tú intentas avanzar.
"¡Qué paren la tierra, que yo me bajo!".
Por eso, el carnavaleo lo he decidido pasar alejada de toda civilización. La aventura comienza con una parada en el Aldi. ¿Sabéis lo que significa "una parada en el Aldi"? Aclarémoslo. Significa husmear la basura para comprovar si ha sobrado algo del super que todavía esté en condiciones de provecho. Llegamos al parking. Son las 22:37 como mínimo, todo oscuro y el coche marcha -3ºC. Todos hemos oido la explicación de Gerard, pero nadie ha estado nunca el en refugio... Afortunadamente llegamos a la primera y sin ningún incidente a pesar de la oscuridad, de la ignoracia del camino y de que llevamos a un cojo. Una vez allí, vemos que hay luz así que picamos la puerta. Los muy desgraciados nos dicen que no hay sitio (ese no es el espíritu de la montaña y menos cuando llevas más de una hora caminando en la oscuridad y al temperaturas bajo zero). Decidimos acampar en la iglesia. He dormido con la Virgen María clavándome la mirada. Nada gustoso, os lo aseguro.
Está bien respirar un poco de aire fresco.
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